Hoy somos Argentina…

Y se escucharon los primeros cornetazos desde el taller. Faltaban pocos minutos para que empezara un nuevo duelo del mundial. $300.- es lo que a partir de este día había aumentado el transporte para los 100 laburantes de esta gráfica del corazón de la capital. La misma suma que gasta la patronal, EN COTILLÓN, por partido de fútbol que juega la selección. El deseo de unificar dos clases con bubuselas…

Pero no fue así. Una clara línea de espacio y tiempo dividió a los patrones, gerentes, vendedores y administrativos, de los maquinistas, operarios y hasta los mecánicos del taller de al lado.

“Las sillas son de los caretas.” dijo uno por lo bajo mientras se sentaba conmigo arriba de una mesa al fondo.

Empezó. Mirábamos la pantalla entre las espaldas de todos los que, por más que gritaran esta vez, no podían darle órdenes a los jugadores en Brasil. Debe ser por eso que uno de los trompa roncaba pasando los diez minutos del primer tiempo…Y la otra aplaudía un lateral.

Lamentable imagen la que daban los desapasionados, no sólo del fútbol, sino de cualquier dulce sabor que pueda darnos la vida.

Entretiempo. “Cristina aprovecha que hay 40 millones de argentinos mirando el partido para mandarnos mensajes, y de las inundaciones en las provincias más pobres qué va a decir?” dijo otro por ahí. Una vez más hoy somos Argentina…Querían tapar con espectáculos de fútbol, el ajuste, la miseria, los despidos y las suspensiones. Por eso los jerárquicos hacían sonar sus cornetas festejando un empate hasta el alargue, habiendo rajado hace una semana a tres de nuestros compañeros. “Che, y los delegados?” Me atreví a preguntar. Hoy tampoco habían pintado por el taller.

Gooooooooooooooooooool! Volaron las porras, silbatos y banderas al piso, me comí un par de despeinadas, gritos afónicos. Festejamos un partido de fútbol ganado, una linda jugada de Messi y el golazo de Di María. La patronal tomó nota: ninguno se atrevió a cruzar esa línea divisoria que hicimos entre clases. Hoy somos Argentina. Lo único que sigue clasificando es el descontento frente a las condiciones de vida que tenemos, que tanto el gobierno, las patronales y la burocracia se encargan de descargar sobre nuestras espaldas. Es hora de que tomemos partido. 

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un dia mas

Un día más en este trabajo donde no trabajo. Donde por pensar muy distinto y decirlo, y por hacer de lo que llaman utopía algo real, decidieron para mí la indiferencia.

Si supieran cuánto orgullo me da, que de cada persona que trabaja de dar órdenes, que de cada  persona que trabaja de creer que tiene el poder de elegir y desechar gente cuando quiere y abusa de eso, que de cada persona que vive simplemente del trabajo de otras tantas sin mover un sólo dedo mas que para hacer cuentas con sus calculadoras,

yo tenga un saludo menos cada mañana…

Si supieran que su intención de hacerme sentir que no valgo por no tener tareas, es inversamente proporcional a cómo me siento… Que reafirman que le tienen miedo al valor de mis palabras y mis hechos, porque no confían en la verosimilitud de sus discursos.

Mi tranquilidad es su envidia. Mi paciencia su preocupación. Mi condición su insomnio.

mi homenaje a un hincha y trabajador

Hoy llegué y atravesé todo el taller, algunos saludos mudos… Al final de la línea una de las pocas compañeras mujer del taller. Sus ojos tristes me adelantaron que había partido nuestro compañero Osky, estaba enfermo, tirado hace meses en ese mugroso hospital de la obra social del sindicato verde..Ahí donde fui a visitarlo un día, igual de nublado que hoy, y nadie me supo decir qué tenía. Sólo una enfermera me puso un barbijo. Los guantes no los quise..

Me animé a despertarlo y sonrió. No sabía bien dónde estaba, ni quién era. Se enojó cuando le dije que era hincha del Bicho, creo que por más remedios que le hubieran dado nunca se iba a olvidar de su club, de su barrio. ¡Qué cagada, yo soy de All Boys! me dijo…y seguimos hablando, como desconocidos, pero de la mano y sonriendo.Se sorprendía de todo lo que sabía de él; de su libro que le encuadernó un compañero, con hojas en blanco y que fue completando con firmas de los jugadores del albo, de todos los hinchas y de hinchas de otros clubes que me hizo firmar en las vacaciones de este año. “Peti, poné que nos tienen de hijo si querés… y que me debes una apuesta eh”. En la tapa una foto suya con su nieta de la vida; fue adoptando ángeles de la soledad…Sin darse cuenta estaba haciendo el libro de su vida y yo siendo parte de ella. Ese mi eterno agradecimiento.

Me quedan historias del Oso, le decían así en la popular, que me las contaba a la mañana cuando yo llegaba temprano y los jefes no habían llegado todavía, y con varios lo escuchábamos aunque ya supiéramos el final del cuento. Las veces que lo pasó a buscar el micro de la hinchada por la puerta del laburo, la que se fue con carnet de prensa para entrar como sea de visitante, la del suero puesto a Mendoza y las puteadas que me comía si iba vestida de verde y negro “como chicago”…

Entre los recuerdos, la risa y las primeras lágrimas que inevitablemente les tuve que regalar a todos los carneros y patrones hijos de mil yuta, mastico bronca desde la mañana. La negligencia de siempre, el circo de la verde y su obra social vaciada, la charla que dio la patronal diciendo lo fundamental que había sido el Osky para la historia de la empresa evidenciando cómo cada uno va dejando su vida acá adentro para que ellos facturen millones.

El aplauso de hoy no alcanza, y aunque mis palabras ya están en su libro, nos queda todavía todo un camino que se reafirma y que calienta su motor todos los días, donde encuentro, de alguna manera, mi forma de saldar la apuesta que le debo al Osky de aquella vez que Argentinos perdió el clásico.. Vamos por todo, a cambiar definitivamente este sistema de mierda, que no tiene nada para ofrecernos, demostremos que la clase trabajadora junta es mas poderosa que todo lo que nos quieren hacer creer.